Parroquia San Miguel

(54) 11 4911-4006 - 24 de Noviembre 1651 - Ciudad Autónoma de Buenos Aires - Argentina

Novena Parroquial a San Miguel

Principal

Día I

¿Cuál es el proyecto de Dios? Es hacer de todos nosotros una única familia de sus hijos, en la que cada uno le sienta cercano y se sienta amado por Él, como en la parábola evangélica; sienta el calor de ser familia de Dios. En este gran proyecto encuentra su raíz la Iglesia, que no es una organización nacida de un acuerdo de algunas personas, sino que es —como nos recordó tantas veces el Papa Benedicto XVI— obra de Dios, nace precisamente de este proyecto de amor que se realiza progresivamente en la historia. La Iglesia nace del deseo de Dios de llamar a todos los hombres a la comunión con Él, a su amistad, es más, a participar como sus hijos en su propia vida divina. La palabra misma «Iglesia», del griego ekklesia, significa «convocación»: Dios nos convoca, nos impulsa a salir del individualismo, de la tendencia a encerrarse en uno mismo, y nos llama a formar parte de su familia. Y esta llamada tiene su origen en la creación misma. Dios nos ha creado para que vivamos en una relación de profunda amistad con Él, y aun cuando el pecado ha roto esta relación con Él, con los demás y con la creación, Dios no nos ha abandonado. Toda la historia de la salvación es la historia de Dios que busca al hombre, le ofrece su amor, le acoge. Llamó a Abrahán a ser padre de una multitud, eligió al pueblo de Israel para establecer una alianza que abrace a todas las gentes, y envió, en la plenitud de los tiempos, a su Hijo para que su proyecto de amor y de salvación se realice en una nueva y eterna alianza con la humanidad entera. Cuando leemos los Evangelios, vemos que Jesús reúne en torno a sí a una pequeña comunidad que acoge su palabra, le sigue, comparte su camino, se convierte en su familia, y con esta comunidad Él prepara y construye su Iglesia.
¿De dónde nace entonces la Iglesia? Nace del gesto supremo de amor de la Cruz, del costado abierto de Jesús del que brotan sangre y agua, símbolos de los Sacramentos de la Eucaristía y del Bautismo. En la familia de Dios, en la Iglesia, la savia vital es el amor de Dios que se concreta en amarle a Él y a los demás, a todos, sin distinción ni medida. La Iglesia es familia en la que se ama y se es amado.
S. S. Francisco - Catequesis del 29 de mayo de 2013

Respondemos: ruega por nosotros.

  • San Miguel, lleno de la gracia de Dios,
  • San Miguel, perfecto adorador del Verbo Divino,
  • San Miguel, coronado de honor y gloria,
  • San Miguel, poderoso Príncipe de los ejércitos del Señor,
  • San Miguel, guardián del paraíso,
  • San Miguel, esplendor y vigor de la Iglesia peregrina,
  • San Miguel, honor y alegría de Iglesia triunfante,
  • San Miguel, luz de los Ángeles,
  • San Miguel, fuerza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz,
  • San Miguel, luz y confianza en el último momento de nuestra vida,
  • San Miguel, socorro certero,
  • San Miguel, nuestro auxilio en todas las adversidades

Rezamos juntos la Oración a San Miguel:

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé un refugio contra las malicias y las insidias del diablo. Te rogamos, suplicantes, que Dios lo domine y tú, que presides la milicia celestial, arrojes al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de los hombres. Amén.

Día II

En las profesiones de fe del Nuevo Testamento, como testigos de la Resurrección se recuerda solamente a hombres, a los Apóstoles, pero no a las mujeres. Esto porque, según la Ley judía de ese tiempo, las mujeres y los niños no podían dar un testimonio fiable, creíble. En los Evangelios, en cambio, las mujeres tienen un papel primario, fundamental. Aquí podemos identificar un elemento a favor de la historicidad de la Resurrección: si hubiera sido un hecho inventado, en el contexto de aquel tiempo no habría estado vinculado al testimonio de las mujeres. Los evangelistas en cambio narran sencillamente lo sucedido: las mujeres son las primeras testigos.
Esto dice que Dios no elige según los criterios humanos: los primeros testigos del nacimiento de Jesús son los pastores, gente sencilla y humilde; las primeras testigos de la Resurrección son las mujeres. Y esto es bello. Y esto es en cierto sentido la misión de las mujeres: de las madres, de las mujeres. Dar testimonio a los hijos, a los nietos, de que Jesús está vivo, es el viviente, ha resucitado. Madres y mujeres, ¡adelante con este testimonio! Para Dios cuenta el corazón, lo abiertos que estamos a Él, si somos como niños que confían. Pero esto nos hace reflexionar también sobre cómo las mujeres, en la Iglesia y en el camino de fe, han tenido y tienen también hoy un papel especial en abrir las puertas al Señor, seguirle y comunicar su Rostro, porque la mirada de fe siempre necesita de la mirada sencilla y profunda del amor. Los Apóstoles y los discípulos encuentran mayor dificultad para creer. La mujeres, no. Pedro corre al sepulcro, pero se detiene ante la tumba vacía; Tomás debe tocar con sus manos las heridas del cuerpo de Jesús. También en nuestro camino de fe es importante saber y sentir que Dios nos ama, no tener miedo de amarle: la fe se profesa con la boca y con el corazón, con la palabra y con el amor.
S. S. Francisco - Catequesis del 3 de abril de 2013

Respondemos: ruega por nosotros.

  • San Miguel, lleno de la gracia de Dios,
  • San Miguel, perfecto adorador del Verbo Divino,
  • San Miguel, coronado de honor y gloria,
  • San Miguel, poderoso Príncipe de los ejércitos del Señor,
  • San Miguel, guardián del paraíso,
  • San Miguel, esplendor y vigor de la Iglesia peregrina,
  • San Miguel, honor y alegría de Iglesia triunfante,
  • San Miguel, luz de los Ángeles,
  • San Miguel, fuerza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz,
  • San Miguel, luz y confianza en el último momento de nuestra vida,
  • San Miguel, socorro certero,
  • San Miguel, nuestro auxilio en todas las adversidades

Rezamos juntos la Oración a San Miguel:

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé un refugio contra las malicias y las insidias del diablo. Te rogamos, suplicantes, que Dios lo domine y tú, que presides la milicia celestial, arrojes al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de los hombres. Amén.

Día III

En nuestro itinerario de catequesis sobre la Iglesia, nos estamos centrando en considerar que la Iglesia es madre. En el último encuentro hemos puesto de relieve cómo la Iglesia nos hace crecer y, con la luz y la fuerza de la Palabra de Dios, nos indica el camino de la salvación, y nos defiende del mal. Hoy quisiera destacar un aspecto especial de esta acción educativa de nuestra madre Iglesia, es decir cómo ella nos enseña las obras de misericordia.
Un buen educador apunta a lo esencial. No se pierde en los detalles, sino que quiere transmitir lo que verdaderamente cuenta para que el hijo o el discípulo encuentre el sentido y la alegría de vivir. Es la verdad. Y lo esencial, según el Evangelio, es la misericordia. Lo esencial del Evangelio es la misericordia. Dios envió a su Hijo, Dios se hizo hombre para salvarnos, es decir para darnos su misericordia. Lo dice claramente Jesús al resumir su enseñanza para los discípulos: «Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso» (Lc 6, 36). ¿Puede existir un cristiano que no sea misericordioso? No. El cristiano necesariamente debe ser misericordioso, porque este es el centro del Evangelio. Y fiel a esta enseñanza, la Iglesia no puede más que repetir lo mismo a sus hijos: «Sean misericordiosos», como lo es el Padre, y como lo fue Jesús. Misericordia.
Y entonces la Iglesia se comporta como Jesús. No da lecciones teóricas sobre el amor, sobre la misericordia. No difunde en el mundo una filosofía, un camino de sabiduría... Cierto, el cristianismo es también todo esto, pero como consecuencia, por reflejo. La madre Iglesia, como Jesús, enseña con el ejemplo, y las palabras sirven para iluminar el significado de sus gestos.
S. S. Francisco - Catequesis del 10 de septiembre de 2014

Respondemos: ruega por nosotros.

  • San Miguel, lleno de la gracia de Dios,
  • San Miguel, perfecto adorador del Verbo Divino,
  • San Miguel, coronado de honor y gloria,
  • San Miguel, poderoso Príncipe de los ejércitos del Señor,
  • San Miguel, guardián del paraíso,
  • San Miguel, esplendor y vigor de la Iglesia peregrina,
  • San Miguel, honor y alegría de Iglesia triunfante,
  • San Miguel, luz de los Ángeles,
  • San Miguel, fuerza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz,
  • San Miguel, luz y confianza en el último momento de nuestra vida,
  • San Miguel, socorro certero,
  • San Miguel, nuestro auxilio en todas las adversidades

Rezamos juntos la Oración a San Miguel:

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé un refugio contra las malicias y las insidias del diablo. Te rogamos, suplicantes, que Dios lo domine y tú, que presides la milicia celestial, arrojes al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de los hombres. Amén.

Día IV

La madre Iglesia nos enseña a dar de comer y de beber a quien tiene hambre y sed, a vestir a quien está desnudo. ¿Y cómo lo hace? Lo hace con el ejemplo de muchos santos y santas que hicieron esto de modo ejemplar; pero lo hace con el ejemplo de muchísimos padres y madres, que enseñan a sus hijos que lo que nos sobra a nosotros es para quien le falta lo necesario. Es importante saber esto. En las familias cristianas más sencillas ha sido siempre sagrada la regla de la hospitalidad: no falta nunca un plato y una cama para quien lo necesita.
Una vez una mamá me contaba —en la otra diócesis— que quería enseñar esto a sus hijos y les decía que ayudaran a dar de comer a quien tiene hambre. Y tenía tres hijos. Y un día a la hora del almuerzo —el papá estaba en el trabajo, estaba ella con los tres hijos, pequeños, de 7, 5 y 4 años más o menos— y llamaron a la puerta: era un señor que pedía de comer. Y la mamá le dijo: «Espera un momento». Volvió a entrar y dijo a los hijos: «Hay un señor allí y pide de comer, ¿qué hacemos?». «Le damos, mamá, le damos». Cada uno tenía en el plato un bife con papas fritas. «Muy bien —dice la mamá—, tomemos la mitad de cada uno de ustedes, y le damos la mitad del bife de cada uno de ustedes». «Ah no, mamá, así no está bien». «Es así, tú debes dar de lo tuyo». Y así esta mamá enseñó a los hijos a dar de comer de lo propio. Este es un buen ejemplo que me ayudó mucho. «Pero no me sobra nada...». «Da de lo tuyo». Así nos enseña la madre Iglesia. Y ustedes, muchas madres que están aquí, sepan lo que tienen que hacer para enseñar a sus hijos para que compartan sus cosas con quien tiene necesidad.
S. S. Francisco - Catequesis del 10 de septiembre de 2014

Respondemos: ruega por nosotros.

  • San Miguel, lleno de la gracia de Dios,
  • San Miguel, perfecto adorador del Verbo Divino,
  • San Miguel, coronado de honor y gloria,
  • San Miguel, poderoso Príncipe de los ejércitos del Señor,
  • San Miguel, guardián del paraíso,
  • San Miguel, esplendor y vigor de la Iglesia peregrina,
  • San Miguel, honor y alegría de Iglesia triunfante,
  • San Miguel, luz de los Ángeles,
  • San Miguel, fuerza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz,
  • San Miguel, luz y confianza en el último momento de nuestra vida,
  • San Miguel, socorro certero,
  • San Miguel, nuestro auxilio en todas las adversidades

Rezamos juntos la Oración a San Miguel:

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé un refugio contra las malicias y las insidias del diablo. Te rogamos, suplicantes, que Dios lo domine y tú, que presides la milicia celestial, arrojes al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de los hombres. Amén.

Día V

La madre Iglesia enseña a estar cerca de quien está enfermo. ¡Cuántos santos y santas sirvieron a Jesús de este modo! Y cuántos hombres y mujeres sencillos, cada día, ponen en práctica esta obra de misericordia en una habitación del hospital, o de un asilo, o en la propia casa, asistiendo a una persona enferma.
La madre Iglesia enseña a estar cerca de quien está en la cárcel. «Pero Padre no, esto es peligroso, es gente mala». Pero cada uno de nosotros es capaz... Oigan bien esto: cada uno de nosotros es capaz de hacer lo mismo que hizo ese hombre o esa mujer que está en la cárcel. Todos tenemos la capacidad de pecar y de hacer lo mismo, de equivocarnos en la vida. No es más malo que tú o que yo. La misericordia supera todo muro, toda barrera, y te conduce a buscar siempre el rostro del hombre, de la persona. Y es la misericordia la que cambia el corazón y la vida, que puede regenerar a una persona y permitirle incorporarse de un modo nuevo en la sociedad.
La madre Iglesia enseña a estar cerca de quien está abandonado y muere solo. Es lo que hizo la beata Teresa por las calles de Calcuta; es lo que hicieron y hacen tantos cristianos que no tienen miedo de estrechar la mano a quien está por dejar este mundo. Y también aquí la misericordia dona la paz a quien parte y a quien permanece, haciéndonos sentir que Dios es más grande que la muerte, y que permaneciendo en Él incluso la última separación es un «hasta la vista»... Esto lo había entendido bien la beata Teresa. Le decían: «Madre, esto es perder tiempo». Encontraba gente moribunda por la calle, gente a la que empezaban a comer el cuerpo las ratas de la calle, y ella los llevaba a casa para que muriesen limpios, tranquilos, acariciados, en paz. Ellas les decía «hasta la vista», a todos estos... Y muchos hombres y mujeres como ella hicieron esto. Y ellos los esperan, allí en el cielo, en la puerta, para abrirles la puerta del Cielo. Ayudar a la gente a morir bien, en paz.
S. S. Francisco - Catequesis del 10 de septiembre de 2014

Respondemos: ruega por nosotros.

  • San Miguel, lleno de la gracia de Dios,
  • San Miguel, perfecto adorador del Verbo Divino,
  • San Miguel, coronado de honor y gloria,
  • San Miguel, poderoso Príncipe de los ejércitos del Señor,
  • San Miguel, guardián del paraíso,
  • San Miguel, esplendor y vigor de la Iglesia peregrina,
  • San Miguel, honor y alegría de Iglesia triunfante,
  • San Miguel, luz de los Ángeles,
  • San Miguel, fuerza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz,
  • San Miguel, luz y confianza en el último momento de nuestra vida,
  • San Miguel, socorro certero,
  • San Miguel, nuestro auxilio en todas las adversidades

Rezamos juntos la Oración a San Miguel:

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé un refugio contra las malicias y las insidias del diablo. Te rogamos, suplicantes, que Dios lo domine y tú, que presides la milicia celestial, arrojes al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de los hombres. Amén.

Día VI

El trabajo forma parte del plan de amor de Dios; nosotros estamos llamados a cultivar y custodiar todos los bienes de la creación, y de este modo participamos en la obra de la creación. El trabajo es un elemento fundamental para la dignidad de una persona. El trabajo, por usar una imagen, nos «unge» de dignidad, nos colma de dignidad; nos hace semejantes a Dios, que trabajó y trabaja, actúa siempre (cf. Jn 5, 17); da la capacidad de mantenerse a sí mismo, a la propia familia, y contribuir al crecimiento de la propia nación. Aquí pienso en las dificultades que, en varios países, encuentra el mundo del trabajo y de la empresa; pienso en cuantos, y no sólo los jóvenes, están desempleados, muchas veces por causa de una concepción economicista de la sociedad, que busca el beneficio egoísta, al margen de los parámetros de la justicia social.
Deseo dirigir a todos la invitación a la solidaridad, y a los responsables de la cuestión pública el aliento a esforzarse por dar nuevo empuje a la ocupación; esto significa preocuparse por la dignidad de la persona; pero sobre todo quiero decir que no se pierda la esperanza. También san José tuvo momentos difíciles, pero nunca perdió la confianza y supo superarlos, en la certeza de que Dios no nos abandona.
Agrego una palabra sobre otra particular situación de trabajo que me preocupa: me refiero a lo que podríamos definir como el «trabajo esclavo», el trabajo que esclaviza. Cuántas personas, en todo el mundo, son víctimas de este tipo de esclavitud, en la que es la persona quien sirve al trabajo, mientras que debe ser el trabajo quien ofrezca un servicio a las personas para que tengan dignidad. Pido a los hermanos y hermanas en la fe y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad una decidida opción contra la trata de personas, en el seno de la cual se cuenta el «trabajo esclavo».
S. S. Francisco - Catequesis del 1º de mayo de 2014

Respondemos: ruega por nosotros.

  • San Miguel, lleno de la gracia de Dios,
  • San Miguel, perfecto adorador del Verbo Divino,
  • San Miguel, coronado de honor y gloria,
  • San Miguel, poderoso Príncipe de los ejércitos del Señor,
  • San Miguel, guardián del paraíso,
  • San Miguel, esplendor y vigor de la Iglesia peregrina,
  • San Miguel, honor y alegría de Iglesia triunfante,
  • San Miguel, luz de los Ángeles,
  • San Miguel, fuerza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz,
  • San Miguel, luz y confianza en el último momento de nuestra vida,
  • San Miguel, socorro certero,
  • San Miguel, nuestro auxilio en todas las adversidades

Rezamos juntos la Oración a San Miguel:

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé un refugio contra las malicias y las insidias del diablo. Te rogamos, suplicantes, que Dios lo domine y tú, que presides la milicia celestial, arrojes al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de los hombres. Amén.

Día VII

Cuando hablamos de medio ambiente, de la creación, mi pensamiento se dirige a las primeras páginas de la Biblia, al libro del Génesis, donde se afirma que Dios puso al hombre y a la mujer en la tierra para que la cultivaran y la custodiaran (cf. 2, 15). Y me surgen las preguntas: ¿qué quiere decir cultivar y custodiar la tierra? ¿Estamos verdaderamente cultivando y custodiando la creación? ¿O bien la estamos explotando y descuidando? El verbo «cultivar» me recuerda el cuidado que tiene el agricultor de su tierra para que dé fruto y éste se comparta: ¡cuánta atención, pasión y dedicación!
Cultivar y custodiar la creación es una indicación de Dios dada no sólo al inicio de la historia, sino a cada uno de nosotros; es parte de su proyecto; quiere decir hacer crecer el mundo con responsabilidad, transformarlo para que sea un jardín, un lugar habitable para todos. Benedicto XVI recordó varias veces que esta tarea que nos ha encomendado Dios Creador requiere percibir el ritmo y la lógica de la creación. Nosotros en cambio nos guiamos a menudo por la soberbia de dominar, de poseer, de manipular, de explotar; no la «custodiamos», no la respetamos, no la consideramos como un don gratuito que hay que cuidar. Estamos perdiendo la actitud del estupor, de la contemplación, de la escucha de la creación; y así ya no logramos leer en ella lo que Benedicto XVI llama «el ritmo de la historia de amor de Dios con el hombre». ¿Por qué sucede esto? Porque pensamos y vivimos de manera horizontal, nos hemos alejado de Dios, ya no leemos sus signos.
S. S. Francisco - Catequesis del 5 de junio 2013

Respondemos: ruega por nosotros.

  • San Miguel, lleno de la gracia de Dios,
  • San Miguel, perfecto adorador del Verbo Divino,
  • San Miguel, coronado de honor y gloria,
  • San Miguel, poderoso Príncipe de los ejércitos del Señor,
  • San Miguel, guardián del paraíso,
  • San Miguel, esplendor y vigor de la Iglesia peregrina,
  • San Miguel, honor y alegría de Iglesia triunfante,
  • San Miguel, luz de los Ángeles,
  • San Miguel, fuerza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz,
  • San Miguel, luz y confianza en el último momento de nuestra vida,
  • San Miguel, socorro certero,
  • San Miguel, nuestro auxilio en todas las adversidades

Rezamos juntos la Oración a San Miguel:

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé un refugio contra las malicias y las insidias del diablo. Te rogamos, suplicantes, que Dios lo domine y tú, que presides la milicia celestial, arrojes al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de los hombres. Amén.

Día VIII

Pero «cultivar y custodiar» no comprende sólo la relación entre nosotros y el medio ambiente, entre el hombre y la creación; se refiere también a las relaciones humanas. Los Papas han hablado de ecología humana, estrechamente ligada a la ecología medioambiental. Nosotros estamos viviendo un momento de crisis; lo vemos en el medio ambiente, pero sobre todo lo vemos en el hombre. La persona humana está en peligro: esto es cierto, la persona humana hoy está en peligro; ¡he aquí la urgencia de la ecología humana! Y el peligro es grave porque la causa del problema no es superficial, sino profunda: no es sólo una cuestión de economía, sino de ética y de antropología. La Iglesia lo ha subrayado varias veces; y muchos dicen: sí, es justo, es verdad... Pero el sistema sigue como antes, pues lo que domina son las dinámicas de una economía y de unas finanzas carentes de ética. Lo que manda hoy no es el hombre: es el dinero, el dinero; la moneda manda. Y la tarea de custodiar la tierra, Dios Nuestro Padre la ha dado no al dinero, sino a nosotros: a los hombres y a las mujeres, ¡nosotros tenemos este deber! En cambio hombres y mujeres son sacrificados a los ídolos del beneficio y del consumo: es la «cultura del descarte». Si se estropea un computer es una tragedia, pero la pobreza, las necesidades, los dramas de tantas personas acaban por entrar en la normalidad. Si una noche de invierno, aquí cerca, en la vía Ottaviano por ejemplo, muere una persona, eso no es noticia. Si en tantas partes del mundo hay niños que no tienen qué comer, eso no es noticia, parece normal. ¡No puede ser así! Con todo, estas cosas entran en la normalidad: que algunas personas sin techo mueren de frío en la calle no es noticia. Al contrario, una bajada de diez puntos en las bolsas de algunas ciudades constituye una tragedia. Alguien que muere no es una noticia, ¡pero si bajan diez puntos las bolsas es una tragedia! Así las personas son descartadas, como si fueran residuos.
S. S. Francisco - Catequesis del 5 de junio 2013

Respondemos: ruega por nosotros.

  • San Miguel, lleno de la gracia de Dios,
  • San Miguel, perfecto adorador del Verbo Divino,
  • San Miguel, coronado de honor y gloria,
  • San Miguel, poderoso Príncipe de los ejércitos del Señor,
  • San Miguel, guardián del paraíso,
  • San Miguel, esplendor y vigor de la Iglesia peregrina,
  • San Miguel, honor y alegría de Iglesia triunfante,
  • San Miguel, luz de los Ángeles,
  • San Miguel, fuerza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz,
  • San Miguel, luz y confianza en el último momento de nuestra vida,
  • San Miguel, socorro certero,
  • San Miguel, nuestro auxilio en todas las adversidades

Rezamos juntos la Oración a San Miguel:

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé un refugio contra las malicias y las insidias del diablo. Te rogamos, suplicantes, que Dios lo domine y tú, que presides la milicia celestial, arrojes al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de los hombres. Amén.

Día IX

La Iglesia, que es santa, no rechaza a los pecadores; no nos rechaza a todos nosotros; no rechaza porque llama a todos, les acoge, está abierta también a los más lejanos, llama a todos a dejarse envolver por la misericordia, por la ternura y por el perdón del Padre, que ofrece a todos la posibilidad de encontrarle, de caminar hacia la santidad. «Padre, yo soy un pecador, tengo grandes pecados, ¿cómo puedo sentirme parte de la Iglesia?». Querido hermano, querida hermana, es precisamente esto lo que desea el Señor; que tú le digas: «Señor, estoy aquí, con mis pecados». ¿Alguno de ustedes está aquí sin sus propios pecados? Ninguno, ninguno de nosotros. Todos llevamos con nosotros nuestros pecados. Pero el Señor quiere oír que le decimos: «Perdóname, ayúdame a caminar, transforma mi corazón». Y el Señor puede transformar el corazón.
En la Iglesia, el Dios que encontramos no es un juez despiadado, sino que es como el Padre de la parábola evangélica. Puedes ser como el hijo que ha dejado la casa, que ha tocado el fondo de la lejanía de Dios. Cuando tienes la fuerza de decir: quiero volver a casa, hallarás la puerta abierta, Dios te sale al encuentro porque te espera siempre, Dios te espera siempre, Dios te abraza, te besa y hace fiesta. Así es el Señor, así es la ternura de nuestro Padre celestial. El Señor nos quiere parte de una Iglesia que sabe abrir los brazos para acoger a todos, que no es la casa de pocos, sino la casa de todos, donde todos pueden ser renovados, transformados, santificados por su amor, los más fuertes y los más débiles, los pecadores, los indiferentes, quienes se sienten desalentados y perdidos. La Iglesia ofrece a todos la posibilidad de recorrer el camino de la santidad, que es el camino del cristiano: nos hace encontrar a Jesucristo en los sacramentos, especialmente en la Confesión y en la Eucaristía; nos comunica la Palabra de Dios, nos hace vivir en la caridad, en el amor de Dios hacia todos.
Preguntémonos entonces: ¿nos dejamos santificar? ¿Somos una Iglesia que llama y acoge con los brazos abiertos a los pecadores, que da valentía, esperanza, o somos una Iglesia cerrada en sí misma? ¿Somos una Iglesia en la que se vive el amor de Dios, en la que se presta atención al otro, en la que se reza los unos por los otros?
S. S. Francisco - Catequesis del 2 de octubre de 2013

Respondemos: ruega por nosotros.

  • San Miguel, lleno de la gracia de Dios,
  • San Miguel, perfecto adorador del Verbo Divino,
  • San Miguel, coronado de honor y gloria,
  • San Miguel, poderoso Príncipe de los ejércitos del Señor,
  • San Miguel, guardián del paraíso,
  • San Miguel, esplendor y vigor de la Iglesia peregrina,
  • San Miguel, honor y alegría de Iglesia triunfante,
  • San Miguel, luz de los Ángeles,
  • San Miguel, fuerza de los que combaten bajo el estandarte de la Cruz,
  • San Miguel, luz y confianza en el último momento de nuestra vida,
  • San Miguel, socorro certero,
  • San Miguel, nuestro auxilio en todas las adversidades

Rezamos juntos la Oración a San Miguel:

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé un refugio contra las malicias y las insidias del diablo. Te rogamos, suplicantes, que Dios lo domine y tú, que presides la milicia celestial, arrojes al infierno, con el divino poder, a Satanás y a los espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de los hombres. Amén.